Haití: Superación de la crisis político-electoral, situación de emergencia e impulso de la reconstrucción

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En apoyo de estas acciones, pedimos a los gobiernos de España y de la Unión Europea que respalden al gobierno haitiano -y a la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (CIRH)-, impulsando las siguientesmedidas para consolidar un marco claro, transparente y efectivo que posibilite el despegue del país:

 

a) Desembolsando los fondos prometidos a Haití durante la cumbre de Nueva York a finales de marzo, de los cuales sólo el 20% se ha hecho disponible hasta la fecha.

b) Desarrollando una mayor coordinación de la cooperación internacional, para prevenir la inoperatividad ante una situación de emergencia crónica.

c) Estableciendo la transparencia como criterio para la obtención de financiación.

d) Manteniendo la asistencia humanitaria aún en la fase de reconstrucción.

e) Promoviendo la implicación de la sociedad haitiana y de los mismos damnificados en el proceso de reconstrucción.

Antes de desarrollar brevemente todas las medidas expuestas –así como los plazos pertinentes para aplicarlas- consideramos preciso explicar los antecedentes y fundamentos que nos llevan a proponer estas líneas de actuación.

Cerca de 4,5 millones de electores haitianos fueron llamados el pasado 28 de noviembre a elegir a un presidente, 11 senadores y 99 diputados. Una jornada de frustración para muchos de los votantes de las listas electorales defectuosas, centros de votación desordenados y denuncias de fraude. El presidente del Consejo Electoral Provisional ha manifestado que los resultados de las elecciones se darán a conocer de manera preliminar el próximo 8 de diciembre y se publicarán oficialmente el 20 del mismo mes.

La comunidad internacional defiende la idea de mantener a toda costa la estabilidad política en Haití para poder responder a los grandes y urgentes problemas actuales y al reto de lanzar el plan de reconstrucción. Por ello se ha presionado a través de los representantes en el país durante la semana pasada para que se realizaran las elecciones a pesar del gran número de obstáculos que se enfrentaban, entre ellos una epidemia de cólera aún en expansión.

Quienes han seguido de cerca la situación se preguntaban antes de los comicios si era posible organizar unas elecciones en un país sin infraestructuras, destruido por un terremoto, reducido a la nada por el huracán Thomas y camino de ser aniquilado por el cólera, que deja ya más de 1.500 muertos y unos 20.000 hospitalizados.

 

Habida cuenta de la frágil situación sociopolítica de Haití desde 1986, no parece fácil encontrar respuestas claras y unívocas para todos los problemas, pero sí debemos apuntar y defender algunas líneas de avance en Haití en el inmediato, corto, medio y más largo plazo:

En el plazo inmediato: Ahora, después de las elecciones, ¿qué sigue? El país está al borde de una crisis político–electoral, es esencial que los actores políticos y el gobierno lleguen a un acuerdo. Se hace necesaria la mayor implicación y apoyo posible de la OEA (Organización de los Estados Americanos) y de la CARICOM (Comunidad del Caribe), así como de los gobiernos de Estados Unidos, Francia, Canadá y la Unión Europea, que promueva una posición conjunta en el conflicto y el diálogo entre gobierno haitiano y oposición para propiciar un consenso.

A corto plazo: Erradicar el cólera y luchar contra la desnutrición son necesidades imperiosas. El temor a ser contagiado por el cólera ha superado cualquier miedo a la inseguridad que hasta ahora propiciaban pandillas y secuestros. Uno de los desafíos urgentes es consolidar las líneas de defensa sanitarias y los Centros de Operación y Urgencias Comunales (COUC), con vistas a erradicar el cólera antes de que se extienda por otros departamentos del país y territorios vecinos.

A medio plazo: Reforzar la seguridad del país e incentivar la confianza nacional e internacional en materia de seguridad. En los primeros meses tras el seísmo del 12 de enero, las fuerzas de la ONU eran muy bien consideradas entre la población. Sin embargo, se ha pasado a la desconfianza expresada durante las manifestaciones del 15 de noviembre en las que se acusaba a los soldados de Nepal de la base de la ONU de Saint-Marc de haber introducido el virus del cólera. La situación ha creado una tensión difícil de manejar en cuanto a la seguridad pública y genera una desconfianza en la comunidad internacional hacia la propia seguridad en Haití.

Por otra parte, se hace imprescindible avanzar hacia la reunificación nacional, hacia una Conferencia nacional y una concienciación general. A pesar de que el presidente actual, René Préval, fundó la plataforma política “Unité”, el mosaico representativo de formaciones está lejos de reflejar la unidad del país. El próximo Gobierno deberá trabajar con fuerza para buscar el equilibrio de la política haitiana y disminuir el favoritismo o el nepotismo a favor de una buena gobernabilidad.

A largo plazo: Frenar el deterioro del medio ambiente y favorecer la descentralización demográfica. Para afrontar con urgencia el problema del hambre y descentralizar la población de la capital, el nuevo Gobierno resultante de las urnas deberá hacer un esfuerzo por frenar el avance veloz de la degradación del medio ambiente del país y su vulnerabilidad ante las posibles catástrofes naturales. Después del último terremoto, más de 600.000 personas abandonaron Puerto Príncipe, gentes a las que el próximo Ejecutivo deberá poder ofrecerles oportunidades e infraestructuras humanas que les permitan instalarse en las ciudades de provincias sin verse obligados a refundar barrios pobres en las afueras de la capital. Sólo facilitando esas infraestructuras, y rehabilitando los servicios y el sistema de comunicación aérea y terrestre, podrá producirse un proceso de descentralización demográfica.

Por otro lado, ¿Qué proponemos como formación política a nuestros gobiernos deEspaña y de la Unión Europea?

 

En particular, España, como uno de los principales donantes de Haití, debe tener un rol importante en los foros internacionales con el fin de impulsar todas aquellas medidas que garanticen la consolidación de un marco claro, transparente y efectivo para el verdadero despegue del país.

 

a) Unimos nuestra voz a la de personalidades y organizaciones internacionales y a los reiterados llamamientos del actual Gobierno haitiano y de la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (CIRH) para pedir a los donantes que desembolsen los fondos prometidos a Haití durante la cumbre de Nueva York a finales de marzo. Sólo algo más del 20% (cerca de 100 millones de dólares) de los 500 millones de dólares inicialmente comprometidos han sido consignados al fondo fiduciario multilateral de la reconstrucción.

 

Los principales países tales como Estados Unidos, Canadá y los países de la Unión Europea no han respetado aún sus promesas. No serían nada buenas las perspectivas para el futuro de la reconstrucción de Haití en el caso de que la mayoría de los donantes continuaran eludiendo su compromiso de desembolsar, para los futuros cinco años, 9 mil millones de dólares, de los cuales 5,3 mil deberían ser anticipados en los dos próximos años.

 

b) Demandamos una mayor coordinación de la cooperación internacional. La mayor parte de los gobiernos pudiera preferir a priori mantener una cooperación bilateral directa con su homólogo haitiano en vez de diluir su contribución en un fondo multilateral. Además, en el plano humanitario es urgente una coordinación real entre las distintas agencias; el tiempo y la situación en los campos de desplazados están demostrando la falta de operatividad y respuesta ante la situación de emergencia crónica. Es necesaria además una mayor representación haitiana en esta coordinación.

c) El Gobierno haitiano y la CIRH vienen instando a los actores de la cooperación internacional, ONGs incluidas, a ser más transparentes. La transparencia ha de ser un criterio para la obtención de financiación, y es el mismo CIRH como organismo mixto, internacional y haitiano, el encargado de recolectar y asegurar el manejo transparente de los fondos para la reconstrucción de Haití.

d) Defendemos la necesidad de mantener la asistencia humanitaria aún en la fase de reconstrucción. Con todo, debemos insistir sobre la necesidad de realizar una transición progresiva de la fase de emergencia a la de reconstrucción, ya que la asistencia humanitaria sigue siendo necesaria en el país y la reconstrucción está en fase de “planificación”. Esta fase de reconstrucción debe contar con un plan único, liderado por el Estado Haitiano y la CIRH, pero con transparencia y una amplia participación ciudadana haitiana.

e) El papel de la sociedad haitiana y de los mismos damnificados en el proceso de reconstrucción ha de ser protagónico y real. Haití está dentro del grupo de los países considerados como Estados Frágiles y por ello la presencia de la comunidad internacional es teóricamente una medida para evitar la desestabilización del país. Esta presencia sólo debe mantenerse en la medida en que ayude a un proceso de transición hacia la consolidación de un Estado que responda a las necesidades de la sociedad haitiana.

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